Las
algas
| Nuestros
antepasados consideraban las algas como un alimento elemental. Sus
propiedades nutritivas, laxantes, diuréticas y saludables
eran conocidas y usadas por los marineros. Poco a poco las fueron
sustituyendo por otros productos y les buscaron otro uso menos sabroso.
Ciertas
especies de algas se utilizan como abono para el campo, otras
se emplean para usos industriales. Además, de las algas
se obtienen diferentes principios activos que son utilizados para
el tratamiento de enfermedades y la elaboración de una
amplia gama de cosméticos.
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Aunque
en la actualidad su interés alimenticio está mucho más
extendido en los países asiáticos, los europeos estamos
empezando a incluir de nuevo las algas en nuestra dieta por el peso
de sus propiedades nutritivas y organolépticas.
La mayoría de las algas comestibles son bioindicadoras de la
polución. Sólo si el agua en la que viven se halla libre
de polución se desarrollan, por lo que el propio crecimiento
de las algas nos dan una idea de su salubridad. Así se comportan
especies tan exquisitas como la Palmaria Palmata o el Espagueti de Mar.
Durante tiempo, las algas se han comercializado liofilizadas, es decir,
deshidratadas. Antes de consumirlas debíamos hidratarlas de nuevo
para conseguir su sabor natural. En este punto es donde la conserva
juega un papel fundamental, ya que permite su conservación en
salmuera preservando intactas sus propiedades organolépticas.
Con este método, el consumidor no tiene que realizar la engorrosa
tarea de volver a hidratar el alimento. Abrir la lata y consumir.
Las algas también destacan por la gran cantidad de minerales
que poseen. Son ricas en hierro, yodo y calcio y pobres en grasas. Además
contienen vitaminas B12 y C.
Las algas merecen, por tanto, un hueco en nuestras mesas.
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